Motos custom

Darle con la cara al viento

¡Viva la moto, vive tú, cuídate!

Por: Germán A. Toledo Vázquez

Ayer lunes 26 de Noviembre del 2000 decidí tomar la CX-650 Honda de Pepe mi hijo y me lancé a la carretera. Acababa de pasar cinco días inmóvil en mi cama, mas tres  de recuperación casi quieto. Aunque recibí todas las atenciones y mimos de mi esposa, solo recibí la llamada de Jaime mi primo que también me visitó.

Que si me caí en la moto?  No, nada de eso. Lo que acababa de ocurrirme fue algo que ya se espera en cualquier momento y en cualquier parte de nuestro cuerpo cuando ya se ha llegado a engrosar las filas de los hombres de “la tercera edad”. Lo malo es no querer admitirlo.

Lo que a mí me ocurrió puede suceder a cualquier edad pero, en mi caso, fue una simpleza: Me agaché buscando unas herramientas y… ya no pude ponerme de pie sin ayuda y con un dolor espantoso en la rabadilla. Mis huesos atraparon el nervio “ciático”. Casi a gatas fui llevado a mi cama. El doctor me dio tratamiento en casa pues tuve pánico de ir al hospital, como él lo sugería por temor a ser “destazado” económicamente.

Ayer que me sentí mejor, me equipé bien y aún dolorido me monté en la moto y me fui a casa de Jaime mi primo a invitarle que me acompañara. No lo encontré,  decidí irme solo. Enfilé rumbo a Tala, Jalisco., a visitar a un cliente que ya es mi amigo y quién me pagaría una “lana”. Después de una larga charla y ya con algunos billetitos en la bolsa fijé rumbo a Ameca, Jal., a hacer lo mismo con otros clientes, también amigos.

Ya en la carretera y con el tanque lleno, noté de inmediato el poco tránsito de vehículos que me permitía escuchar el hermoso y ronco ruido de los escapes de la Honda de cilindros transversales. Era un “ronrroneo” tan bonito que nunca me había deleitado tanto escucharlo aún con el casco puesto.

Estaba tan sola la carretera que me permitía sortear aquel mundo de baches balanceando la moto de lado a lado de mi carril y en algunos casos, cuando me aseguraba que no había ningún otro vehículo… ¡Hasta los dos carriles eran míos! Llegué a Ameca, hice mis visitas y provoqué “envidias”. Todos ellos me hicieron más de un comentario…

Emprendí el regreso a casa pero al llegar al crucero de Bellavista, decidí no perder el encanto de tan maravilloso día…!Voy con mis amigos de Jocotepec, Jal.!  Entre la carretera a Ameca  y la que va a Cocula, Jal., el tramo estaba lleno de parches y los brincos empezaron a hacer mella en mi dolorida espalda.

Bajé la velocidad y levanté la mica del casco…oohhh, que maravillosa sensación. De inmediato sentí algo que ya casi había olvidado: ¡El viento en la cara!  Esa sensación y ese ruido encantador solo se percibe en una “custom”, la que me hizo recordar viejos tiempos. Sin la mica, el “ronrroneo”del motor subió de volumen y lo disfrutaba más, cada vez que giraba el acelerador en cualquier sentido. La moto y yo éramos una sola pieza pero, me hacía falta algo…

Llegué al crucero a Cocula y viré rumbo a Villa Corona Jal. De inmediato noté el aumento de tránsito. Sostuve una velocidad de 90 y estuve muy al pendiente de los retrovisores pues sabía que nadie “me aguantaría el paso” (luego les explico) y tenía que ser muy cuidadoso con los rebases y de no ser obstáculo para nadie.

Al llegar a la cuesta rumbo a Estipac,Jal., detectó en el espejo a un “motociclista” que venía con toda la intención de rebasarme por sorpresa. Venía en una moto “chueca” de doble propósito de no se cuantos centímetros cúbicos, vestido con “shorts” floreados, camiseta sin mangas, sin lentes y sin casco pero…con sandalias de hule dizque japonesas de “horcapollo” y…!A madres! Me rebasó por un instante y de inmediato me le emparejé y pensé en “picarlo” pero… no tenía caso y lo vi irse.

Aquel tipo me dio pena después de que hice unas reflexiones mientras lo veía alejarse. Él tiene que usar la moto para trasladarse, yo la uso para disfrutar. Yo siento el viento en la cara, él el frío en todo el cuerpo. Él sufre el ensordecedor estruendo de su “dos tiempos”, yo el agradable “rumor” de la “custom”. Él tiene prisa por llegar a algo, yo ya no tengo prisa de llegar a nada…al contrario ¡Quisiera detener el tiempo!

Ya por la tarde de regreso a casa, venía pensando en que aún cuando me sentía feliz y dichoso de haber realizado ese viaje, algo me había hecho falta. También recordé aquellos felices días en que me dio “el sol de frente” y en los que disfruté el éxito. De que estoy llegando al ocaso de la vida y… aún le puedo dar ¡Con la cara al viento!  Si, yo le doy con la cara al viento y eso solo se logra viajando en motocicleta “custom”.

Lástima que algunos NO tienen tiempo de mirar lo retrovisores y ver que… ¡El tiempo los está alcanzando! Que si no aprovechan ahora, quizá no lo disfrutarán jamás. Por eso extraño a tantos amigos que porque les de “el sol de frente” en sus lujosas oficinas, no tienen tiempo de que les de “el viento en la cara” y vivir lo que es la motocicleta.

Viva la moto, vive tú, cuídate.

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